ENSEÑANZA o DECEPCIÓN

La enseñanza, en cualquier ámbito, no es cuestión de afirmar: “el que más sabe, mejor enseña”. Poseer menos o más conocimiento en una materia, no hace de nosotros mejores profesores. La importancia reside en saber transmitirla adecuadamente y con ello, conseguir en nuestros estudiantes una mayor implicación y un mejor esfuerzo.

En los años que llevo perteneciendo al mundo de las artes marciales internas he podido observar a muchos profesionales con sus escuelas prácticamente vacías. Tienen un amplio conocimiento de la materia pero no saben transmitirla a fin de llegar de forma directa al alumno, lo que termina haciendo que éstos se vayan de sus centros.

Sin embargo, he tenido el placer de conocer profesionales menos experimentados, con un nivel técnico menor, incluso con exposiciones teóricas menos elaboradas, y con escuelas repletas. Y no estoy refiriéndome a vende humos, charlatanes y farsantes de las artes marciales, que haberlos haylos. Hablo de profesionales bien formados aunque menos experimentados, que poseen el don de la transmisión y con él, saben llegar a las necesidades de sus alumnos.

Esta diversidad la he podido observar tanto en España, como fuera de ella.

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Pero, ¿por qué ocurre esto?, ¿qué hace que se establezcan estas diferencias?… en mi opinión reside en varios factores. Unos, están asociados directamente con el arte que enseñamos y vienen determinados por nuestro nivel tanto técnico como teórico, nuestra trayectoria, nuestro linaje, etc. Pero otros, están claramente relacionados con nuestra vida privada y su enfoque.

Respecto al primer factor una vez que abrimos una escuela se completa la culminación de un sueño, la consecución de un objetivo final. El enfoque inadecuado de esta consecución, puede representar un problema porque abrir una escuela no es el final de nada, sino el principio de todo. Muchos profesionales por verse esclavizados en su propio sueño han dejado de formarse y de entrenar, abandonando su propio camino. Se han entregado en cuerpo y alma para que su proyecto salga adelante, desmantelando la actitud que les llevó a él. Tener alumnos debería implicar que nosotros sigamos siendo estudiantes para no perder nunca esa inocencia, esas ganas de seguir evolucionando dentro del arte.

Estoy convencido que es vital que todo maestro con escuela propia, siga estando bajo la supervisión de un Maestro superior del que seguir aprendiendo y evolucionando, con el que seguir compartiendo y del que seguir absorbiendo todo tipo de experiencias, ya sean marciales o vitales. El problema es que no todos los profesionales con escuela propia siguen teniendo un Maestro con el que seguir creciendo.

Unos creen que ya lo han aprendido todo de él y lo abandonan en busca de uno nuevo, de otro y después, otro. Entrando en un círculo loco de búsqueda y rechazo. También están los que siguen enseñando lo aprendido a través del mayor de los maestros de nuestra era “ShifuTuve”, y los hay que aprenden la teoría mediante la lectura de innumerables libros. Estos últimos son los que más confusión tienen en el plano teórico.

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Es vital seguir una línea clara y bien definida dentro del arte marcial, debemos evitar convertirnos en unos “pica flores” que van de maestro (miel) en maestro para crear su propio néctar. Algunos de ellos son acérrimos seguidores de Bruce Lee (primer chino “pica flores” y del que sino llega a ser por el cine, nadie hablaría a día de hoy). La mayoría de estos maestros terminan creando sus propios estilos marciales o algún tipo de interpretación personal del mismo como muestra patética de su liberación dentro del mundo tradicional.

Sin embargo, teniendo una clara determinación por seguir una de línea de trabajo concreta, bien estructurada, con metodologías correctas, variadas, eficientes, y teniendo un buen Maestro que comparta sus experiencias con nosotros, lo tenemos todo para ser eficientes y eficaces en la enseñanza dentro de nuestro proyecto. Ahora bien, esto no lo es todo.

Tan importante como lo citado (el otro factor), es comprender, equilibrar y mejorar nuestra vida fuera de la escuela y de la enseñanza. Debemos preguntarnos si en realidad somos felices, si somos personas realizadas, si lo que nos rodea nos llena o, por el contrario, nos vacía. Saber realmente si ejercemos por pasión o por necesidad; un sin fin de cuestiones que tienen más que ver con nuestra capacidad de transmisión de lo que somos conscientes.

Incluso teniendo un Maestro cualificado, una línea, el método y una escuela, si en nuestra vida cotidiana no estamos plenos y equilibrados creedme, de poco nos servirá. Y cuando esto ocurre es cuando cometemos el mayor de los errores de toda enseñanza marcial: tratar a nuestros alumnos como si fueran nuestros amigos.

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Lo hacen muchos profesionales creyendo que así los fidelizan y sin embargo, es el mayor de los errores que pueden cometer. Los alumnos deben seguir siendo siempre alumnos, nunca nuestros amigos y mucho menos colegas. De lo contrario vendrán las decepciones, los problemas, los “te doy la mano y te tomas el brazo”, etc. Y esto no es culpa de ellos, es culpa nuestra.

Alumno es todo aquel que abona una cuota a cambio de nuestros servicios, mientras que amigo es todo aquel al que le hemos abierto las puertas de nuestra intimidad. No caigamos en ese grave error por miedo a perderlos. Nuestra intimidad como profesionales es nuestra y de nadie más.

El que se tenga que ir que se vaya y el que se tenga que quedar que se quede, pero no por amiguísimo sino por RESPETO.

Por tanto, si tenemos un buen Maestro, una línea clara de enseñanza, niveles teóricos adecuados para la materia, una escuela propia y somos felices en vida, vivimos con pasión, nos sentimos plenos, realizados y tratamos a nuestros alumnos como ALUMNOS, tenemos todo lo necesario para ser un buen profesional con base y capacidad para la enseñanza.

Por tener más o menos experiencia enseñando no debemos preocuparnos, eso nos lo dará el tiempo. Lo importante es saber de verdad si tenemos bien asentados los pilares para ser el mejor en nuestro campo.

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Por último, nunca debemos olvidar que somos profesionales las 24 horas del día. Nuestro ejemplo, la forma que tenemos de superar las vicisitudes, de adaptarnos a los cambios y de evolucionar, son sin duda los puntos fuertes para transmitir. Dejar que nuestra vida nos traiga experiencias nuevas, superarnos y compartir esa fuerza con nuestros alumnos nos convertirá en un ejemplo para sus vidas.

Seamos honestos, honrados, humildes y disciplinados. Tratemos a nuestros alumnos como si fueran hijos pero jamás como si fueran nuestros colegas. Démosles libertad de elección. De estar con nosotros, que sea por decisión propia, por respeto y no por castración mental ó imposición.

Los chinos dicen: “…lo que se tenga que ir, se irá. Lo que se tenga que quedar, se quedará”. En consecuencia, no debemos sufrir cuando un alumno decide irse, todo lo contrario, debemos estar contentos por el tiempo que pasó a nuestro lado, tiempo que nos permitió hacer nuestro trabajo. Es por ello que los Maestros chinos para aceptar un alumno/discípulo lo ponen a prueba durante al menos tres años y jamás, durante lo que les queda de vida, lo tratan como amigo. Como mucho, alumno cercano.

He visto maestros que cuando un alumno suyo marcha para montar su propia escuela, tras años de estar a su lado, se sienten traicionados, ultrajados, despreciados y esto, en mi opinión, es un grave error de humildad. Nunca podemos impedir que un alumno haga lo que nosotros mismos hicimos con nuestro Maestro: alejarnos de él para seguir nuestro camino. Muchos de los profesionales actuales no tenemos contacto alguno con la primera persona que nos inició en el arte, ni con algunos de los Maestros con los que hemos aprendido y no pasa nada.

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Pero si un alumno nuestro se ha marchado de malas maneras de nuestra escuela y además las relaciones se han roto, debemos preguntarnos en qué hemos fallado porque toda la culpa no es de ellos, también lo es nuestra. Si no descubrimos nuestros errores en el trato con los alumnos la historia volverá a repetirse, una y otra vez. Y gran parte de nuestras enseñanzas se convertirán en decepción.

Por todo ello siempre tengo presente esta frase: “…cuando una circunstancia nos ocurre en la vida puede o no ocurrir de nuevo, pero de darse por segunda vez, siempre habrá una tercera”. En nuestras manos está evitarlo.

Con cariño…

Juanjo Estrella

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